EL PRIMER GOBERNADOR ELECTO POR EL PUEBLO

Un hecho trascendente para el prócer y la historia política argentina se produjo en 1815 cuando luego de derrotar al ejército invasor en Puesto del Marqués, Güemes fue aclamado gobernador de la Intendencia de Salta.

Con 30 años, fue el primer gobernador elegido por el pueblo, ya que por entonces los gobernadores eran designados en Buenos Aires. El Directorio tuvo que aceptar tal elección.

Un año antes Gervasio Posadas, había dividido la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán en dos Intendencias: la de Salta (abarcando Salta, Jujuy, Tarija y la parte occidental del Chaco y Formosa) y la del Tucumán (que comprendía Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca). Junto al cargo de gobernador Güemes ejerció el comando de las fuerzas armadas de la Intendencia de Salta hasta su muerte, es decir durante seis años.

Ese mismo año Güemes se casó con la patriota salteña Carmen Puch, con quien tuvo tres hijos varones y continuó al servicio de su Patria.

La misión que le fuera encomendada se vio obstaculizada por la realidad. Al carecer de los recursos necesarios, Martín Güemes (Gobernador de la Intendencia de Salta y Comandante General de Avanzadas) se vio obligado a adoptar medidas que afectaron a estancieros y comerciantes, resintiendo la economía de la antes esplendente Intendencia, fomentando la oposición. Entre esas medidas estaban 

·        La prohibición del comercio con el Alto Perú (que favorecía a los realistas que se abastecían de mulas en territorio salteño), impuesta en acuerdo con el Gral. Manuel Belgrano. 

·        La eximición del pago de arriendos a los gauchos que no cobraban sueldo y estaban al servicio de la Patria («estos pagan con su sangre», decía Martín Güemes).

·        La implementación e incremento del tipo y monto de contribuciones obligatorias a favor de la causa patriota, etc.

Martín Güemes gobernó la Intendencia de Salta hasta su muerte, en Junio de 1821, simultáneamente defendió –por orden del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón- la integridad de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

SAN MARTÍN Y GÜEMES

 

 

 

 

 

Güemes actuaba en común acuerdo con San Martín desde 1814, en el inmenso escenario conformado por el territorio hoy boliviano y la Intendencia de Salta. En el Alto Perú actuaron en masa los nativos y más de un centenar de caudillos, en su mayoría locales, el 90% de los cuales murieron combatiendo o ajusticiados.

Convencido que la única manera de finalizar con el dominio español sería atacando la Capital del Virreinato del Perú –Lima- San Martín optó por organizar un Ejército en Mendoza y con él cruzar la cordillera de Los Andes para desde Chile dirigirse por mar hacia las costas peruanas. Para que ese plan pudiera concretarse había que impedir que los realistas avanzaran sobre el territorio, fueran ocupando las distintas ciudades y recuperaran Buenos Aires, objetivo que una y otra vez intentaron cumplir sin éxito. Güemes, con sus tropas desprovistas de los elementos necesarios pero con una férrea disciplina y un inmenso amor a la Patria, lo impidieron.

Es decir: mientras los Patriotas luchaban por la Independencia, los Realistas luchaban por recuperar el dominio del ex Virreinato del Río de la Plata. Desde 1816 hasta 1821 la defensa del territorio y el único escenario de la lucha contra las pretensiones de España fueron Jujuy, Salta y el sur de la actual Bolivia.

Según el Plan Libertador, del que participaban los Generales José de San Martín, Manuel Belgrano y Martín Güemes, con apoyo del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón,  mientras San Martín desembarcaba en el Perú Güemes debía, en un movimiento envolvente (de pinzas),  libertar el Alto Perú y ayudarlo a liberar Perú.

El 8 de junio de 1820, San Martín nombró a Güemes General y Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, conforme sus conocimientos distinguidos y notorios servicios.

El Director Supremo de Chile, Bernardo de O’Higgins expresó por escrito a Güemes que su gobierno garantizaba que serían cumplidas las promesas que le hubiera hecho o hiciera San Martín.

El  Ejército de  Observación, al mando de Güemes,  debía unirse al  de San Martín para acabar con el dominio hispánico. Para ello pidió a los gobiernos de las otras Provincias que lo reconocieran y auxiliaran con dinero, ganado, ropa, armamento, etc. Sólo obtuvo alguna contribución que desde Córdoba le enviara el Gral. Juan Bautista Bustos, que se había quedado con parte del Ejército del Norte, al disolverse en la sublevación de Arequito.

En agosto Güemes informaba a San Martín que disponía de 2000 hombres de línea y gauchos escogidos “los más valientes subordinados y honrados”, sin contar las tropas y ganados que mantenía en la vanguardia, todos armados y la mayor parte municionados; 2000 mulas de silla; 1500 caballos; 500 mulas de arriar; 1400 burros de carga; 200 arrobas de galletas; 1500 cabezas de ganado vacuno y alguno lanar; charqui, ají, porotos, cebollas, tabaco y mil pesos, para marchar al Alto Perú.

Aclaraba que todo había sido “aprontado sin costo alguno por parte del Estado, pues no tienen estas cajas un solo peso en circunstancias de haber sido atacada la Provincia por los enemigos y destruida en 5 años, que sólo ella ha trabajado por la causa, en general abandonada de las demás”.

En diciembre del mismo año envió varios colaboradores a Bolivia a reclutar hombres. A través de ellos mantenía comunicación permanente con los patriotas del Alto Perú y con San Martín.

 

 GÜEMES Y BELGRANO

Martín Miguel Juan de Mata Güemes y Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano compartieron principios, ideales y estrategias en el ámbito militar, político y social. Esas características, que los unieron en la lucha por la libertad, fructificaron en uno de los sentimientos más nobles que puede unir a los seres humanos: la amistad.

Quizás se conocieron durante las invasiones inglesas en las que ambos participaron defendiendo Buenos  Aires o cuando Belgrano arribó a Salta a tomar el mando del Ejército Expedicionario al Alto Perú. Lo concreto es que entre los años 1816 y 1819 se escribieron numerosas cartas cuya lectura nos permite conocerlos interiormente.

Ambos amaron y sufrieron por la Patria, pero también amaron y sufrieron por ellos mismos y por sus seres queridos. Compartieron la angustia de las intrigas tramadas por enemigos internos y externos, la falta de recursos, de apoyo, el desinterés y la constante acción difamatoria de quienes  quisieron cortar el lazo que los unía. 

Cuando en 1812 Juan Martín de Pueyrredón, Jefe del Ejército Expedicionario (cargo que consideraba un infortunio), fue reemplazado, varios integrantes de ese Ejército (envidiando la disciplina y éxito con que las milicias salto jujeñas se desempeñaban) sembraron falsas acusaciones contra Güemes. Al asumir la Jefatura, el Gral. Belgrano priorizó el saneamiento de la desmoralizada fuerza adoptando medidas como el traslado de oficiales entre los que incluyó a Güemes. (Güemes tenía entonces 27 años, Belgrano 42).

Güemes fue enviado a Santiago del Estero y luego destinado al Estado Mayor en Buenos Aires, donde permaneció hasta a comienzos de 1814. Regresó a Salta como Teniente Coronel al mando de José de San Martín cuando este reemplazó a Belgrano en el Ejército.

Belgrano se hizo cargo nuevamente del Ejército en 1816, allí nació y se consolidó la amistad con Güemes. Las expresiones que intercambiaron en sus cartas (se recopilaron 129 cartas dirigidas por Belgrano a Güemes y 14 de Güemes a Belgrano, cabe acotar que muchas cartas de Güemes no han sido recuperadas aún) son de valoración, admiración y afecto mutuo. Güemes era entonces gobernador de la Intendencia de Salta y  comandante general de sus fuerzas. Belgrano era Jefe del Ejército Auxiliar del Alto Perú acantonado en Tucumán.

Güemes y Belgrano vivían la misma angustia: la falta de recursos y sensibilidad de quienes se desentendieron de una guerra que se peleaba por todos. Las cartas y oficios ayudan a comprender la difícil situación que enfrentaban.

En los escritos se aprecia que a la permanente amenaza del enemigo externo; la apatía del pudiente y a la falta de auxilios de las demás Provincias, se sumaba la grave sequía que azotaba la región. El clima parecía aliarse a la pobreza general en que se encontraban los sufridos habitantes, incrementando la angustia ante el riesgo de mortandad de animales y pérdida de cosechas.

Güemes se vio obligado a hipotecar sus propios bienes. El 27 de junio de 1818 informaba a Belgrano que iniciaba la marcha a Jujuy  y que debido a la miseria había solicitado un préstamo dando en garantía sus propiedades. Belgrano lo informó al Gobierno central pero el Estado no abonó este ni otros préstamos.  Güemes perdió lo hipotecado.

La amistad que Güemes y Belgrano se profesaban fue aparejada a una constante preocupación por la salud del otro. Ambos padecían trastornos digestivos, respiratorios y articulares.

En 1819, gravemente enfermo, Belgrano solicitó la presencia del Dr. José Redhead, quien vivía en Salta y era médico del Gral. Güemes. Belgrano renunció al mando del Ejército y se dirigió a Buenos Aires asistido por el médico escocés pero sus intentos fueron vanos. Belgrano partió hacia la eternidad el 20 de Junio de 1820, ocasionando un gran dolor en el corazón a su amigo. Simultáneamente Güemes era nombrado por San Martín, General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú.

 

LA DEFENSA

En 1816 la mayor parte de Sud América hispana estaba en poder realista, a raíz de la derrota de Simón Bolívar. Sólo quedaban libres las Provincias Argentinas, Paraguay y la Banda Oriental.

El Ejército Realista estaba concentrado en el Alto Perú, preveía avanzar hacia Buenos Aires, someter a los rebeldes y reasumir el poder.

Ante el dramático cuadro, el nuevo Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredon, dio a Güemes la misión de defender la integridad de las Provincias y la seguridad del Ejército acantonado en Tucumán.  A partir de entonces (Junio de 1816) las tropas de Güemes asumieron el rango de Ejército al servicio de las Provincias Unidas, hoy Nación Argentina

Güemes y los pueblos bajo su mando se abocaron a cumplir la misión, con el apoyo y comunicación permanente de los altoperuanos a quienes instruía para la guerra y auxiliaba. Pero los recursos prometidos fueron retaceados debido a que el Directorio apoyaba en mayor medida a San Martín, que preparaba en Cuyo la Expedición al Perú.

Mientras San Martín organizaba el Ejército de los Andes, Güemes y sus tropas rechazaron cuatro violentas invasiones que diezmaron a la población y devastaron la economía de la Intendencia.

De la misma manera, mientras el Congreso sesionaba, los salto jujeños evitaron el avance del enemigo y al hacerlo posibilitaron la declaración de la Independencia.  Las pretensiones realistas se estrellaron contra la férrea defensa de estos pueblos. Declarada la independencia, Güemes la hizo jurar y a partir de entonces luchó por consolidarla.

Este panorama contribuye a comprender cuán injustamente se minimiza la gesta Güemesiana cuando se pierde de vista este aspecto trascendente. Se atribuye a Güemes una misión que no tuvo, circunscribiendo su actuación a la defensa de Salta, soslayando que al hacerlo aseguró la libertad e independencia de todas las Provincias y contribuyó a la formación de la Nación.

Por lo tanto, es erróneo llamarlo “Defensor de la Frontera Norte”. Su lucha incluía a las Provincias Altoperuanas a las que planeaba recuperar y que tenían como frontera Norte el Lago Titicaca (hoy Bolivia, límite natural con Perú).

 

EL EJERCITO DE GUEMES

El Ejército de Güemes llegó a superar los 6000 hombres de los cuales sólo 900 integraban la tropa de línea (que cobraba sueldo). La gran mayoría eran milicias (gente que se armaba para la defensa durante una guerra) gauchas, lo que permite apreciar y valorar el Patriotismo inclaudicable que las movilizaba, en inferioridad de recursos pero con superioridad moral y táctica. El fervor de los gauchos era tan firme que pusieron al servicio de la Patria sus caballos, las armas que tenían y hasta la vida misma.

Esto se aprecia por ejemplo en una carta de 1816 en que Güemes escribía al Gral. Manuel Belgrano (quien se encontraba con su ejército inmovilizado en Tucumán):

 

“Crea Ud., mi amigo, que mi alma se estremece al verlos desnudos, hambrientos, y sufriendo el rigor de la campaña. Ya no tengo un peso que darles, ni cómo proporcionarlo, porque este pueblo es hoy un esqueleto descarnado sin giro ni comercio. (…) hacen tres días que ando solicitando dos mil pesos, bajo de una letra segura a entregarse en Buenos Aires, y no hallo quien los supla; (…); no sé ya qué arbitrio tocar, sólo el de la desesperación”.

 

La preocupante situación se evidencia en la respuesta de Belgrano:

 

“Amigo y compañero mío: Cómo me compadece la suerte de los infelices que están en la Vanguardia. Estoy sin un medio, sin un recurso; temiéndome todos los días que los hombres se empiecen a desgranar y se vayan en bandadas a donde les den algo por el trabajo que tienen. Deseo a Ud. buena salud y constancia en sus trabajos para que salgamos bien con esta empresa (…) puede que la Providencia quiera apiadarse de nosotros algún día”.

 

Pese a ello y aplicando tácticas para desorientar y confundir con ataques sorpresivos, informaciones falsas y espionaje, la tropa al mando de Güemes superó a la realista. El Gral. Andrés García Camba, quien padeció –como otros- el constante hostigamiento de los patriotas, escribió en sus memorias que su ejército estaba en continuo estado de alarma y se quejaba amargamente del desgaste que le producían los enemigos.

Los combates por la Independencia se libraron en el territorio que abarca el extremo sur de la actual Bolivia hasta el Sur de Salta y desde la zona de San Pedro de Atacama, hoy Chile, hasta Orán, en Salta. Según Ricardo Rojas, en la Provincia de Salta hubo 76 combates, protagonizados por tropas gauchas, que detuvieron a poderosos ejércitos invasores.

Según el Dr. Luis Oscar Colmenares, el ejército con el que Güemes defendió a las Provincias Unidas:

“Llegó a tener 6610 hombres, entre los que había una pequeña fuerza de línea. De acuerdo a una lista del año 1818 se componía de Estado Mayor, artillería, caballería de línea (división de gauchos de línea) que ascendían a 667 plazas y Escuadrones de Gauchos con 5943 hombres. Los Escuadrones de gauchos no eran meras agrupaciones ocasionales de paisanos sino verdaderos cuerpos fijos y reglados de milicias, con fuero militar propio. Tenía servicio de maestranza, fábrica de pólvora y cartuchos, hospital y sastrería. Contaba, además, con Capellanes y varias divisiones corsarias con funciones parecidas a los modernos comandos”.

 

LA MUJER EN LA GESTA GUEMESIANA

 

 

 

 

 

 

 

Durante la Gesta encabezada por Güemes, numerosas mujeres pusieron sus habilidades al servicio de la Patria. Mujeres de inocente aspecto y temple de acero, de todos los niveles sociales, desbarataron numerosos planes realistas y contribuyeron a importantes triunfos.

Unas ejercieron el arriesgado oficio de espías (por el cual si eran descubiertas podían morir fusiladas), otras fueron mensajeras, confeccionaron uniformes, impulsaron a sus hombres a la defensa reemplazándolos en las tareas, les dieron apoyo afectivo, etc. Muchas perdieron su fortuna o le fueron confiscados sus bienes, enviudaron, murieron mendigas, se sacrificaron a pesar de los peligros y fueron ejemplo de temple y fortaleza ante la adversidad.

Infinidad de nombres están escritos en el memorial de la Patria por la que lucharon: Juana Moro de López, Juana Azurduy de Padilla, Macacha Güemes, Carmen Puch, Andrea Zenarruza de Uriondo, Gertrudis Medeiros, Candelaria Pacheco de Melo, Isabel Gorriti, Juana Torino, Martina Silva de Gurruchaga, María Loreto Sánchez de Peón de Frías y aquellas que por humildes quedaron en el anonimato. Sean estas líneas un homenaje a su valiente entrega.